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Diagnóstico y Evolución

Diagnóstico y Evolución

La enfermedad de Parkinson a pesar de ser una enfermedad considerada crónica y degenerativa, hoy día disponemos de tratamientos eficaces para controlar los síntomas, dilatando la progresión de la enfermedad hacia fases avanzadas.

El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson se basa en la historia clínica y familiar y la exploración. Los resultados analíticos ayudan a descartar otras enfermedades, pero el diagnóstico final de párkinson se apoya en la experiencia y el conocimiento del médico.

En algunas ocasiones se puede utilizar una prueba terapéutica para confirmar los casos dudosos. La tomografía axial (TAC o escáner) o la resonancia magnética (RMN) sirven para descartar la presencia de otras enfermedades que pudieran dar síntomas parecidos al de la enfermedad de Parkinson, especialmente al inicio, como trombosis cerebrales, aterosclerosis o tumores. 

Es muy importante establecer el diagnóstico diferencial entre la enfermedad de Parkinson y otras dolencias que pueden cursar con
parkinsonismo. Para ello se utiliza una prueba llamada Pet-Scan o Data-Scan, ayuda a reconocer o diagnosticar: parkinsonismo
farmacológico, temblor esencial, parkinsonismo vascular y otros parkinsonismos neurodegenerativos. 

Una tomografía por emisión de positrones puede revelar actividad dopaminérgica mermada en los ganglios basales (patrón característico) y facilitar el diagnóstico.

El diagnóstico de la enfermedad produce un impacto tanto en el paciente como en el entorno familiar ya que sus vidas se ven afectadas a medida que va avanzando el párkinson. La evolución actual de la enfermedad de Parkinson está muy condicionada por la medicación que recibe el paciente para paliar los síntomas. Para poder alcanzar una mayor calidad de vida en la evolución de la misma es importante el contacto con los diferentes profesionales que trabajan en este campo y cuidan de la salud física, mental, familiar y social de la persona enferma de Parkinson y sus familiares, ya que es una enfermedad que influye de manera importante en la vida de las personas con las que convive.

Al principio, los síntomas motores pueden aparecer sólo en momentos de gran estrés. En cuanto a los síntomas no motores el enfermo puede encontrarse excesivamente fatigado, desarrollar seborrea, estreñimiento o puede mostrar un estado de ánimo bajo llegando incluso a padecer una depresión o apatía. Estos signos pueden padecerse durante largo tiempo sin que el médico o el enfermo lo relacionen con la patología parkinsoniana.

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